La honestidad del instante

Escribo sabiendo perfectamente que no estoy diciendo la verdad, sino mi verdad en un ahora concreto.
Durante mucho tiempo creí que eso me restaba autoridad, que me hacía frágil, poco fiable. Hoy me parece justo lo contrario: es lo único que no me resulta obsceno.

Casi todo lo que escribo nace del cuestionamiento. De la intuición —cada vez menos disimulada— de que lo que pienso, lo que digo y lo que siento no siempre van de la mano. Y de aceptar que esa fricción no es un fallo del sistema, sino un territorio fértil. Uno que merece ser habitado, no corregido.

No escribo para sentar cátedra ni para dejar conclusiones cerradas. Tampoco para ofrecer una versión pulida de mí misma que aguante el paso del tiempo sin grietas. No me interesa gustar, convencer ni permanecer intacta. Lo que vas a encontrar es algo mucho más humano: pensamiento en movimiento.

Escribo desde el presente.
Desde lo que me atraviesa ahora: mis dudas activas, mis heridas aún calientes, mis certezas provisionales. Escribo sabiendo que todo eso va a cambiar. Y no solo lo acepto: lo necesito.

No me inquieta que lo que escriba hoy no me represente mañana.
Me inquietaría infinitamente más escribir algo que hoy no me represente en absoluto.

Este espacio no es una colección de verdades. Es un registro de conciencia. Una huella digital que no busca coherencia a largo plazo, sino fidelidad al instante. No aspiro a ser constante; aspiro a ser honesta.

Si mañana pienso distinto, no borraré lo anterior.
Lo miraré como se miran las cicatrices: con memoria, no con vergüenza. Sabiendo de dónde vienen, aunque ya no duelan igual.

Cambiar de opinión no invalida el camino recorrido; lo confirma.

Escribir así implica un riesgo evidente: dejar rastro de mis contradicciones. Pero no escribirlas implicaría algo peor: fingir una solidez que no existe.

Aquí no hay promesas de permanencia.
Hay un compromiso radical con la honestidad del ahora.

Y si mañana no me reconozco en lo que escribí, perfecto.
Eso querrá decir que sigo viva.
Que sigo moviéndome.
Que sigo incomodando al statu quo, empezando por el mío.

Porque escribir sin contradicciones es como vivir sin errores: solo lo consiguen los que no sienten nada. O ya están muertos.

—Vanesa Silva