Te fuiste. No al fin del mundo, pero casi. El Valle de Aran suena bonito… hasta que se convierte en el escenario de tu ausencia. En estos momentos me parece menos un destino laboral tuyo y más un exilio emocional mío.
Te despedí como se despiden los adultos funcionales: con una sonrisa que no me creí ni yo, fingiendo que no empezaba a notar el hueco. Spoiler: ya lo notaba. Mucho. El vacío llegó antes que tú a destino.
Ha sido un verano intensito… ¿He dicho ya que editaste mi primera novela? Pues eso. Me abriste en canal con cada corrección. Más que editora, matrona de pensamientos. Una médium de lo que ni yo sabía que sentía. A veces me leías tan bien que daba miedo. O asco. Porque no había rincón donde esconderme de ti.
Y ahora te largas a trabajar rodeada de Willies que ni siquiera soportas, hasta abril… y abril suena lejos, a demasiado, a condena, suena a cuenta atrás eterna. Y yo… ¿podría sonar más dramática? Lo dudo. Estoy en mi punto máximo de exageración justificada.
Hasta entonces: respiro, escribo, exagero… y sigo. Porque aunque no estés, sigues siendo mi cómplice. Solo que ya no a kilómetro cero.
—Vanesa Silva
